Esta cumbre se da en un momento en el que el imperio estadounidense ha prescindido de su ropaje liberal al que nos acostumbraban las administraciones demócratas. Estas apelaban a los principios democráticos o a los derechos humanos para intervenir en los asuntos internos de cada país. Ahora, con el rostro desnudo, el imperio no tiene reparos en expresar su “doctrina Donroe” frente al avance de China como superpotencia.