Honduras atraviesa un “cambio de época” que va más allá de un simple cambio de gobierno, y que implicaría un deterioro profundo de la institucionalidad democrática. Podríamos decir que estamos ante un cambio de época que va para largo y que viene con mayor oscuridad, como ha ocurrido en otros momentos de la historia del país, por ejemplo, el Golpe de Estado de 2009.