Las fotografías de Brooklyn Rivera probablemente desaparecerán del ciclo informativo en pocas semanas. Otras noticias ocuparán su lugar y nuevas controversias reclamarán la atención pública. Lo que permanecerá, sin embargo, es una pregunta más difícil de responder: ¿cómo es posible que un país tenga opiniones tan firmes sobre uno de los dirigentes más conocidos de la Costa Caribe y conozca tan poco sobre el recorrido que lo llevó a ocupar ese lugar?