El Salvador nos daba miedo. Las noticias que llegaban a México hablaban de la violencia de las pandillas y hacían énfasis en el riesgo que implicaba meterse en el barrio equivocado a la hora equivocada. Pero en Guatemala fui al bar de Byron, un amigo de otro amigo, y ahí entre Quetzaltecas y Cerveza Gallo, cambió mi percepción sobre lo que podía encontrar en la capital salvadoreña. Byron me contó de un pequeño museo que tenía que visitar porque ahí estaba la Radio Venceremos.