La historia detrás de la historia: periodismo bajo ataque en Centroamérica

Maldito País

agosto 25, 2022

Centroamérica se caracteriza por ser una región hostil para periodistas. El oficio, hoy por hoy, se ve amenazado por los totalitarismos que van en auge en la región. Además de contar la historia, ahora al oficio también le toca contarse a sí mismo: sus adversidades y retos bajo ambientes que están lejos de mejorar

El viernes 19 de agosto en Nicaragua ocurrió uno de los hechos más fuertes en los últimos años. El régimen de Daniel Ortega secuestró a un obispo y a siete personas más. Por la noche la Policía asaltó el lugar en el que estaban retenidos desde hacía 15 días y se los llevó con rumbo desconocido. Horas después la misma Policía informó que al obispo lo dejó detenido bajo arresto domiciliario en Managua y a las otras personas las dejó en la cárcel de torturas conocida como El Chipote. Pese a la relevancia de la noticia, esta no tuvo cobertura en el sitio, no se tomaron las ya “tradicionales” fotografías de los oficiales afuera del domicilio del obispo o de los familiares afuera del Chipote esperando saber información o llevándoles víveres a las personas que quedaron detenidas ahí.

No hubo cobertura de canales de televisión ni de radios ni la noticia fue el titular destacado de los periódicos del día siguiente. Y es que Ortega convirtió a Nicaragua en un agujero sin medios de comunicación, uno donde la información se consigue por medio de redes ciudadanas a través de, principalmente, internet.

Contrario a lo que se podría pensar que todo empezó en 2018, en realidad el inicio se remonta a 2007, cuando Ortega llevaba apenas unos meses como presidente. En un acto del Ejército, el mandatario llamó a los periodistas “hijos de Goebbels”, quien era ministro de Propaganda de Adolf Hitler y del partido nazi. Desde entonces, Ortega se aventó en contra de la prensa independiente. 

La situación sí empeoró críticamente en 2018, cuando el ejemplo de Nicaragua respecto a la libertad de prensa se empezó a documentar de forma amplia. Ortega mantiene a periodistas y directivos de medios encarcelados, ha mandado al exilio a cientos de reporteros, allanó y confiscó diversas salas de redacción y cerró decenas de radios locales. Hoy por hoy, se puede afirmar: en Nicaragua no quedan medios nacionales radicados dentro del país.

El de Nicaragua es solo el peor ejemplo de cómo está la situación de la libertad de prensa en Centroamérica. La región en sí se va convirtiendo cada día más en terreno más hostil para periodistas. Incluso en Costa Rica, que ampliamente ha sido reconocido como el país más democrático en la región, ya se registran ataques verbales a reporteros incluso propiciados por el presidente Rodrigo Chaves. Este es un pequeño repaso de a lo que nos enfrentamos las personas que nos dedicamos al periodismo en Centroamérica.

Autoritarismo en El Salvador

A los autoritarismos no les agrada la prensa incómoda. El Salvador es muestra de ello, con el presidente Nayib Bukele liderando los ataques a periodistas y medios de comunicación. La situación salvadoreña se puede ejemplificar con un tuit que escribió el mandatario en abril pasado, en el que llamó “basura” a Juan Martínez, un investigador y reportero salvadoreño que se ha dedicado a cubrir las maras y la violencia en la región.

Pero los ataques no han quedado en las redes sociales, han ido más allá. En junio reciente, el periódico El Faro, tras meses de investigación, reveló que el gobierno de Bukele espiaba los teléfonos de decenas de sus reporteros y de otros medios por medio del software Pegasus, que ya ha sido utilizado en otras partes del mundo en contra de periodistas.

Reporteros y editores salvadoreños han tenido que salir de su país porque están directamente amenazados por la labor que ejercen. Quisiera repetir esa frase de que los reporteros nicaragüenses venimos a hablarles desde el futuro, pero la realidad es que ya están viviendo ese futuro que nunca debió llegar.

Élites corruptas en Guatemala

En las últimas semanas las noticias que llegan desde Guatemala no dejan espacio para la esperanza en el periodismo regional. José Rubén Zamora, uno de los periodistas más destacados de ese país, fue encarcelado bajo un proceso irregular. Él fundó elPeriódico, un medio que ha publicado investigaciones que desenmascaran la corrupción y los vínculos del crimen organizado con las autoridades guatemaltecas.

El medio que fundó Zamora fue allanado por la policía, las cuentas congeladas y él fue encarcelado. Diversos sectores guatemaltecos han demandado la liberación del periodista y denunciado el ataque a la libertad de prensa que representa este encarcelamiento. El gremio periodístico teme que este sea solo el inicio de lo que ya se vivió bajo las dictaduras militares, que mandaron al exilio a decenas de reporteros.

Costa Rica no tan democrática

Lo de Costa Rica es bastante sorprendente. La democracia más sólida de la región puede empezar a peligrar cuando la prensa empieza a recibir ataques, como ya ha pasado en este país. El mismo presidente Rodrigo Chaves, quien apenas asumió el poder en abril pasado, ha prometido que bajo su administración “nunca se cerrará un medio, no se meterá a la cárcel a un periodista ni se allanará una sala de redacción”. ¿Pero qué llevaría a un mandatario a hacer una promesa así?

Chaves ha atacado directamente al periódico La Nación, ha dicho que son “ratas” o “gente mala” que quiere dañar al país. Sus ataques empezaron desde la campaña electoral, cuando este periódico y otros medios dieron a conocer las denuncias por acoso sexual que pesaban sobre el entonces candidato a la Presidencia durante su tiempo laborando para el Banco Mundial. Llegó incluso a exponer a reporteros que trataron de entrevistar a las mujeres que habían denunciado a Chaves por conductas de acoso laboral.

Él es el ejemplo para sus funcionarios. La Nación reveló recientemente que el jefe de despacho de Casa Presidencial ordenó a los directores de Comunicación de las instituciones públicas limitar el flujo de información pública. “No lo vean como censura, sino como disciplina absoluta”, les habría dicho el funcionario. Ojalá no sea el caso, pero en Nicaragua ya vivimos esto hace muchos años, cuando Rosario Murillo prohibió que los ministros hablaran con la prensa independiente ya que la información se iba a “contaminar”. Dijo que toda declaración se haría por medio del aparato de propaganda orteguista.

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No importa cuál sea el momento que un país esté atravesando, la historia ha demostrado que siempre hay un testigo: el periodismo que cuenta y documenta el hecho. No importa cuántas dictaduras atraviese un país, cuántos golpes militares, cuántas catástrofes climáticas se vivan, el periodismo siempre ha estado ahí para contarlo. Este momento no es una excepción, porque, hasta hoy, no es conocido el caso de un país cuyo gremio periodístico haya dejado de existir y, al contrario, han buscado las formas para evadir los ataques y seguir contando la región pese a las adversidades.

Nicaragua es ejemplo de la desesperanza en el oficio, de lo que puede pasar si se dedica la vida a esto: pérdidas y abandonos, cárcel o exilio. Pero también es el ejemplo de lo contrario: las alegrías de las dictaduras cayendo por su propio peso, ciudades reestructurándose tras el paso de un terremoto o de una revolución, personas organizándose para tirar la cuerda hacia el mismo lado.

 

El reto, por ahora, es contar lo que está viviendo el periodismo en cada uno de nuestros países sin dejar de contar la historia de cada pedazo de tierra sufriendo bajo el brazo totalitario de regímenes que se ven a sí mismos como eternos. Un día todo esto que hoy se cuenta será documento de consulta para generaciones que ojalá no tengan que atravesar por algo así.