De Chaves a Fernández: Costa Rica en la ola ultraderechista centroamericana

Maldito País

abril 10, 2026

Este texto pretende construir algunas ideas y preguntas -principalmente- sobre las particularidades que permitieron la llegada de la extrema derecha al Ejecutivo costarricense con Chaves y que se consolidó con la elección de Laura Fernández. Para ello, conversé con la futura diputada por el Frente Amplio (FA) en la capital, Vianey Mora Vega y la socióloga, especialista en movimientos sociales y derechos humanos, Sindy Mora Solano.

La victoria electoral de Laura Fernández, designada y “heredera del poder” de Rodrigo Chaves Robles,  afianza el avance de la ultraderecha en Costa Rica y en consecuencia, en Centroamérica. La fallida Suiza centroamericana se suma a la ola de “nuevas ultraderechas” en el mundo. Una ola caracterizada por el neoliberalismo recargado y que, de acuerdo a Camila Perachena y Alberto Vergara, es un movimiento conservador, antiderechos de la comunidad LGTBIQ+ y de las mujeres, revisionista de la historia, que respalda abiertamente la violencia, que incluso reivindica a las dictaduras militares y ha surgido con la impronta de la “batalla cultural” donde la polarización se vuelve la clave para construir adhesiones. Una ola llena de hombres bastante estridentes y articulados internacionalmente, que  que incluye a Nayib Bukele en El Salvador, Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast de Chile y otros presidentes que fueron convocados al Escudo de las Américas de Donald Trump en Miami. Alianza securitaria y militar hemisférica que parte del lema: “Paz a través de la fuerza”.

 

La afectividad y lo identitario al centro

En Costa Rica se impuso el modelo neoliberal desde hace más de tres décadas, lo que ha traído consecuencias graves como altos índices de desigualdad y empobrecimiento. En el mandato de Rodrigo Chaves se consolidó “un estado neoliberal sin límites”, de acuerdo a Vianey Mora. También, se exacerbó la violencia, manifestada en el alza histórica de homicidios y en la alta presencia del narcotráfico y el crimen organizado en las comunidades. Un asunto que no es menor, según resalta Vianey Mora, es la profunda “desconfianza entre las personas, potenciada por la polarización en la que insiste el gobierno de Chaves”. 

Camila Perachena y Alberto  Vergara afirman que la polarización social es una estrategia fundamental para las nuevas derechas extremas, debido a que permite construir adhesiones en tanto exacerba las diferencias con “el otro” y  resalta la identidad propia. De la mano de la polarización viene lo afectivo, lo emocional que funciona como potenciador del apoyo electoral. En ese sentido, no se trata sólo de polarización, sino de construir un “nosotros” estable, tan identificable que haga propias las banderas de la extrema derecha.  

Al respecto, Sindy Mora indica que Chaves y el chavismo en general “han sido muy hábiles en construir una idea de nosotros. Un nosotros que claramente viene a vengar un país que no ha sido universal en sus políticas públicas, no ha sido inclusivo con todos los grupos, con todos los territorios “un nosotros que es una ficción en donde no hay corrupción, no hay élites, no hay ticos con corona, (…) un nosotros muy ficticio, construido desde la religiosidad”. Vianey Mora, futura diputada, al respecto señala que “Chaves dio esperanza, sentido de pertenencia, sentido de manada, les habla diferente (…) habla de transformar las cosas”. 

La apelación afectiva es fundamental en las coyunturas electorales y  en el discurso populista de Chaves. Además es muy efectiva pues, “posibilita la capacidad de gobierno”, comenta Camila Perachena. “Hay una apropiación del discurso”, agrega Sindy Mora; las banderas del chavismo, en ese sentido, pasaron a ser propias, “del nosotros” aunque sea difuso, ficticio y real a la vez. Claro, ese nosotros está confrontado. “Los enemigos del pueblo”, comenta Vianey Mora, fueron identificados  al principio de la administración de Chaves. Primero fueron condensados en la Asamblea Legislativa, la Contraloría General de la República, el bipartidismo histórico -particularmente Liberación Nacional (PLN)- y poco a poco se amplió a la “prensa canalla” o a cualquier persona o  sector crítico de su gobierno. Así, el conflicto es central en el discurso y en la forma masculina de gobernar de Rodrigo Chaves. Discurso que no solo da una bocanada de aire fresco a la identidad colectiva sino que enardece las tensiones, la diferencia y en particular la batalla con el otro. Alimenta la polarización, como decía Vianey anteriormente. 

Esa confrontación encontró terreno fértil en una sociedad caudillista, asegura Vianey Mora. En Costa Rica  ha florecido el “revanchismo político” de sectores que ve en los derechos de las mujeres y la comunidad LGTBIQ+ una amenaza. Sindy Mora señala la existencia de “una especie de ajuste de cuentas de Derechos Sexuales y Reproductivos” que a su vez posiciona a “una figura política que es un hombre que viene a poner orden”, lo que respalda una “forma muy masculina de ejercer el poder”. Por ello, no resulta extraño, entonces, que sean los hombres mayores a 50 años los que respaldan a Chaves. Es este sector -no el único, pero sí uno importante- que adopta posturas conservadoras y negadoras de derechos. Un sector del chavismo pudo cooptar hasta tragarse a Fabricio Alvarado, siguiendo la metáfora que planteó Sindy Mora en la entrevista. 

Por ello, para Sindy Mora el chavismo es mucho más que un partido político: “Es un movimiento político de derechas, que reniega de partidos, tiene una estética, tiene un color muy característico, tiene una forma de hablar, un lenguaje muy característico que se acerca a las personas, sencillo, en algunas ocasiones ofensivo (…) que construye otredad, o que ayuda a construir un ‘nosotros’”. En dicho movimiento, lo estético es tan importante que emergieron símbolos centrales en la campaña electoral como la figura del jaguar; la cual también construyó identidad propia y colectiva. El jaguar, por ejemplo, está asociado a “la fuerza, audacia y presencia territorial”, identifica la historiadora Andrea Jiménez. Esa estética es central en la campaña de comunicación -permanente- que se difunde  ampliamente por los canales oficiales del estado, los medios de comunicación creados por el gobierno y las repetidoras en redes sociales como Facebook, Instagram, X o Tik Tok a través influencers y el uso masivo de bots. Así, la generación de identidad es tan fundamental porque convierte a los adherentes en abanderados  de un proyecto político que “no sólo es un discurso político, es un posicionamiento ante el mundo”, indica Sindy Mora. Así el chavismo es tan visceral como la figura del presidente y ve en esa efervescencia algo positivo. 

El autoritarismo como relación

La administración Chaves Robles está asentada en un ejercicio del poder masculino y autoritario, donde la polarización y el conflicto son el eje vertebral. Ante los numerosos conflictos, Chaves se sitúa desde un lugar fuerte  pero complicado porque enfrenta un conflicto contra los “ticos con corona” -el “otro” personificado en las élites y detractores-. En ese conflicto, la demanda de “continuidad del cambio” encarnada en la heredera Laura Fernández y en las cuarenta diputaciones -de un total de 57- para consolidar la transformación de Costa Rica. De esta manera, Chaves intentó trasladar su apoyo popular a Laura Fernández (traslado que no se logró completamente). Por ello, no resulta extraño que Chaves Robles fuera la figura más importante de la contienda electoral pese a no participar en la misma, esto de acuerdo al último estudio de opinión del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP).

Esto se debe al carácter hiperpersonalista del gobierno, muy característico del populismo y el autoritarismo. Sobre ello, Sindy Mora resalta que el autoritarismo implica una relación social con el líder y su causa: “Es una relación donde sectores y grupos sociales están dispuestos a renunciar a  algo de sí para obtener otras cosas (…) es una relación de dependencia, yo dependo del líder que me diga que tengo que hacer y sí el líder me dice de limitar mis garantías y mis derechos individuales para que esto solucione el tema de inseguridad,  lo voy a hacer  y el líder depende de estos grupos que lo veneren, lo apoyen, no lo critiquen y no se le conviertan en oposición”. Por su parte, Vianey Mora resalta que “la gente es abanderada a personalidades, abanderada al candidato que enamore más en ese momento” y no a un partido o proyecto político. 


De esta  manera, el chavismo representa un actor mucho más complejo que una simple figura o partido político, es un movimiento social que se muestra afín al autoritarismo, a la polaridad social y por ende, al conflicto. La reflexión se complejiza aún más al considerar que son “los sectores más vulnerables quienes tienen más predisposición al autoritarismo”,  indicó Sindy Mora en alusión a un estudio sobre autoritarismo realizado años atrás. Esa situación se ve reflejada en el alto apoyo electoral para Fernández en cantones costeros y fronterizos históricamente empobrecidos, excluidos y vulnerabilizados.

Escenarios difusos: ¿Inicio de la tercera república?

La victoria electoral de Fernández ya era oficial tras el anuncio del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), también lo habían hecho otros candidatos. De un momento a otro, la pantalla de la televisión nacional se dividió en dos: de un lado estaba Chaves y del otro, Fernández. No se advierte en ningún momento qué sucede, Chaves inicia a hablar y reconoce la victoria de Fernández incluso antes de que ella misma comparta su discurso de aceptación. Varios minutos después Fernández acepta el poder en un discurso en el que Chaves y Pilar Cisneros son centrales; además, se compromete a mantenerse firme a “la continuidad del cambio”. Unos días después, la presidenta electa es nombrada Ministra de Presidencia. Detalle que no debe pasar desapercibido: la presidenta electa es subalterna de Chaves . 

Realmente es complejo construir escenarios para Costa Rica, todavía más difícil descifrar lo que es “la tercera república”. Entre los escenarios decantan varios, uno en el que Laura sea una fiel operadora del chavismo y otra es que se rebele, o bien que el chavismo implosione (algo bastante posible).  Lo que se puede intuir hasta el momento es que Fernández efectivamente es una fiel ejecutora chavista, incluso ya confrontó directamente al poder judicial. En palabras de Vianey “vamos hacia un neoliberalismo más autoritario y sobre todo conservador, la derecha afianzándose, concretando su poderío de la mano del narcotráfico” -esto último relacionado con las cuestionables medidas de Chaves que ampliaron el control territorial del crimen-. 

Al respecto, Sindy señala que es poco lo que se sabe de la tercera república y que caracterizarla puede ser un ejercicio de especulación. Lo que sí resulta indudable es que la gestión de Fernández será particularmente represora de la oposición y la disidencia. Así lo dijo Fernández en su discurso de aceptación, en el que “amenazó políticamente a la oposición”, de acuerdo a Sindy Mora. Esto  está en sintonía con el discurso de “no me dejan gobernar” y la demanda de 40 diputaciones, discursos que “imaginan un mundo sin oposición, sin diversidades, sin divergencias, sin conflictos”, señaló Sindy. Así, la incertidumbre y la derecha extrema conservadora son las pocas certezas para la fallida Suiza Centroamericana.