El Refugio Nacional de Vida Silvestre Gandoca–Manzanillo se ubica en el Caribe Sur costarricense y es una de las áreas con mayor biodiversidad del país. La loca de Gandoca, una novela publicada en 1992 por Ana Cristina Rossi, fue uno de los primeros testimonios en denunciar los intereses ocultos para la destrucción de uno de los refugios naturales más emblemáticos del país.
Entre 2001 y 2023, el país perdió más de 184.000 hectáreas de cobertura arbórea, según datos oficiales de Global Forest Watch. Solo en 2022 se deforestaron 3.180 hectáreas de bosque natural, más de la mitad dentro de zonas legalmente protegidas. Ese mismo año, la provincia de Limón, donde se ubica Gandoca–Manzanillo, perdió más de 500 hectáreas de bosque.
El conflicto en la Reserva Gandoca-Manzanillo volvió al centro del debate público durante la administración de Rodrigo Chaves, tras la difusión de imágenes de camiones cargados con árboles recién talados saliendo del refugio el 9 de mayo de 2024. Las imágenes, documentadas en investigaciones de la periodista Fabiola Pomareda (Semanario Universidad), encendieron la alerta entre ambientalistas y comunidades locales, que desde hace décadas denuncian el deterioro progresivo del Refugio Nacional de Vida Silvestre.
Desde entonces, se han sucedido decisiones políticas, legales y administrativas que han debilitado su protección:
1992: primeras denuncias públicas sobre intentos de urbanización.
2014: exclusión de más de 400 hectáreas del refugio mediante ley aprobada sin estudios técnicos.
2020–2021: medidas judiciales y causas penales por relleno y drenaje de humedales, además de la anulación del plan regulador costero de Talamanca.
2023: directriz del MINAE que habilita la exclusión de humedales y bosque del plan regulador.
2024: permisos de tala dentro del refugio y denuncias por extracción de bosque natural.
Lejos de ser un hecho aislado, Gandoca-Manzanillo refleja un conflicto estructural acumulado durante casi cuatro décadas.
Luis Diego Hernández, fiscal agrario ambiental, alerta sobre la incursión del narcotráfico en delitos ambientales.
“Se está dando mucho la incursión del narcotráfico en delitos ambientales. Cuando ellos ven disminuidos sus ingresos, incursionan en el tráfico de especies de vida silvestre, en bienes raíces, todo”.
El ambientalista Marco Levy, quien lleva décadas documentando el deterioro institucional en la zona, lo mencionó de forma clara: “Hemos percibido legitimación de capitales. Bienes y raíces es posiblemente la actividad más lucrativa para el lavado y blanqueo de dinero”.
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