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Un año en prisión, una voz que resuena: el caso de Ruth en El Salvador

Maldito País

junio 4, 2026

Pensar en Ruth es pensar en una mujer valiente, fuerte y profundamente comprometida, que logra equilibrar su espíritu de búsqueda de justicia con la racionalidad intelectual que le permite fundamentar todas sus denuncias.

Mayo de 2025 fue un mes en el que la represión del gobierno de Bukele alcanzó niveles sin precedentes, en un contexto de tensión política tras las revelaciones del medio digital El Faro, que documentó los pactos del gobierno de Bukele con pandillas salvadoreñas; la violenta represión que sufrió la cooperativa El Bosque por proteger su territorio; y la detención de Alejandro Henríquez, abogado ambientalista y miembro de ReverdES, y José Ángel Pérez, pastor de la Iglesia Elim y presidente de la cooperativa. Todos estos hechos evidenciaban claramente el temor que el régimen de Bukele tiene hacia las voces críticas que considera incómodas, además de señalar que su estrategia para enfrentar dichas voces estaba evolucionando hacia otro nivel de represión innegable.

Esta ola de represión y el intento de silenciar a las voces críticas alcanzó uno de sus puntos más altos con la detención de Ruth el 18 de mayo de 2025. La policía llegó a su casa , la hizo salir de su hogar bajo pretextos engañosos y la arrestó sin presentar una orden judicial. Al principio, se informó que se le sometía a un proceso judicial por el delito de peculado (malversación de fondos), pero luego este delito fue modificado a enriquecimiento ilícito, lo que demuestra que incluso la Fiscalía no tenía claridad sobre cómo elaborar un caso en su contra.

Si se le acusa de delitos relacionados con fondos públicos —que nos corresponden a todas las personas que contribuimos mediante nuestros impuestos—, es inevitable preguntarse: ¿Por qué, en un caso de fondos públicos, la información está completamente en reserva? Si se trata de fondos públicos, ¿acaso no tiene la ciudadanía el derecho de conocer montos, movimientos y mecanismos utilizados para estos presuntos crímenes? La única ocasión en la que hemos visto públicamente a Ruth, ella clamó por tener un juicio abierto y defendió su inocencia.

Esta detención tuvo un profundo significado simbólico y material para activistas, defensoras del territorio, personas defensoras de derechos humanos y periodistas, ya que la captura de una abogada de tan alta reputación parecía inverosímil. Ruth se configuró como una figura incómoda ante el gobierno al presentar denuncias e investigaciones de abusos de poder y corrupción en casos como contratos ilíticos para la compra de insumos para enfrentar la emergencia del COVID-19, cuestionamientos sobre la transparencia en las operaciones financieras relacionadas a la implementación del Bitcoin y, principalmente, por su denuncia hacia las violaciones de derechos humanos, detenciones arbitrarias de víctimas del régimen de excepción como jefa de la Unidad de Anticorrupción y Justicia de Cristosal. 

Ruth además, fue una de las firmantes de la demanda de inconstitucionalidad contra la Ley General de Minería Metálica en El Salvador (aprobada para revertir la prohibición histórica del país) ante la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, demanda que fue acompañada por más de 57,000 firmas ciudadanas, Alejandro Henríquez, quien en ese momento ya había sido capturado, también fue firmante.

Cuando la noticia comenzó a difundirse, muchas personas en distintos chats pensamos que era un rumor; sin embargo, al ver las fotos y el video, algo cambió en el nivel de inseguridad que muchas ya sentíamos. Su captura fue un punto de quiebre, esto motivó a muchas personas organizadas y defensoras de derechos humanos a decidir abandonar El Salvador y buscar refugio en otros países y, al mismo tiempo, continuar utilizando su voz en lugares donde se garanticen condiciones mínimas de seguridad para disentir.

La detención de Ruth tiene un gran peso político porque su voz en defensa de la justicia se sostiene en la legitimidad de su larga formación académica, su impecable trayectoria laboral y sus fuertes vínculos con compañeros y compañeras. Ruth es una mujer capaz de desafiar las narrativas únicas impuestas por el régimen de Bukele, y disputarlas  junto a través del trabajo de Cristosal mediante discursos respaldados por profundas investigaciones y múltiples pruebas que evidencian casos de corrupción del gobierno de Nuevas Ideas: desde la falta de transparencia en la compra de insumos durante la pandemia hasta la demanda de inconstitucionalidad contra la recién aprobada Ley General de Minería.

Durante más de 365 días, Ruth ha estado privada de libertad, la mayor parte de este tiempo en la Granja Penitenciaria de Izalco, donde su familia no ha podido tener contacto con ella, ni siquiera sus abogados, para preparar su defensa. Ruth no recibe visitas desde hace meses; se ha negado información sobre su estado de salud y sobre si está recibiendo las mínimas condiciones dignas dentro del sistema penitenciario, dentro del cual Socorro Jurídico Humanitario ha registrado más de 500 muertes de personas no vinculadas con pandillas bajo custodia estatal y Cristosal ha documentado torturas.

Pensar en Ruth es pensar en una mujer valiente, fuerte y profundamente comprometida, que logra equilibrar su espíritu de búsqueda de justicia con la racionalidad intelectual que le permite fundamentar todas sus denuncias. Pero también es recordar a una madre, hermana, esposa y amiga que es extrañada cada día y que ha sido separada de sus redes de apoyo político y afectivo como una estrategia para intentar debilitarla.

Para mí, su sensibilidad profundamente humana es lo que hace que su compromiso con la búsqueda de justicia para las poblaciones más vulnerables, las personas inocentes detenidas bajo el régimen de excepción y las víctimas del robo y despojo del agua y los territorios  sea tan firme: permanecer fiel a sus ideales y buscar justicia es lo que la convirtió en alguien tan incómoda para el régimen. Ella ve la humanidad en los demás y reconoce que las condiciones injustas impiden el desarrollo de una vida digna, especialmente para las personas más empobrecidas de El Salvador.

Al pensar en Ruth, recuerdo las palabras de la querida Berta Cáceres (defensora del territorio asesinada en Honduras en 2016): “Vos tenés la bala, yo la palabra; la bala muere al detonarse, la palabra vive al replicarse”. En medio de tantas balas de represión, desinformación, empobrecimiento del pueblo salvadoreño y violencia política, la palabra de Ruth ha resonado más que nunca. Desde su captura ha recibido diversos premios y reconocimientos por su labor en defensa de la justicia y los derechos humanos.

Aunque estos premios son significativos, más impresionante me parece el hecho de que su voz haya trascendido tantos espacios y territorios. Creo que esta replicación de la que hablaba Berta, y que vuelve a hacerse visible con la privación de libertad de Ruth, es un cálculo político que el régimen no anticipó: que en el exterior cada vez más personas e instituciones como Naciones Unidas y Amnistía Internacional sean conscientes de la dictadura que Bukele encabeza.

Nosotras creemos en la inocencia de Ruth y tenemos la profunda claridad de que, como ella misma afirmó, es una presa política por su trabajo de defensa. Desde los espacios que ocupamos, no dejamos de hablar de Ruth, no dejamos de pensar en ella y admirarla, y seguimos cultivando y luchando por la esperanza de que se haga justicia.

A un año de su captura, su voz vive replicándose: donde estemos, donde lleguemos, donde hablemos, también estará, llegará y hablará Ruth.

¡LIBERTAD PARA RUTH Y PARA LXS PRESXS POLÍTICOS SALVADOREÑXS!